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EL COMERCIO (Quito, Ecuador) 01 November 05 El control para el tráfico ilícito de serpientes venenosas es mínimo
En el Ecuador habitan 38 especies de serpientes venenosas. De estas 21 corresponden a la familia Elapidae y 17 a la familia Viperidae. Estos son los datos del Centro de Biodiversidad y Ambiente de la Universidad Católica de Quito.
Las primeras serpientes son conocidas como corales por sus vistosos anillos de colores y se caracterizan por producir un veneno neurotóxico, que daña las conexiones entre las neuronas. La segunda agrupa a las famosas equis, del género Bothrops, las cuales producen un veneno hemotóxico, el cual reduce la capacidad de coagulación de la sangre.
A pesar de su peligrosidad, las serpientes no atacan al hombre. “Las mordeduras se producen cuando las personas las pisan accidentalmente”, señala Katty Garzón, directora del Vivarium de Quito.
En el país, los encuentros entre humanos y serpientes y las consiguientes mordeduras son frecuentes. Steve Manock, director médico del Hospital Vozandes Oriente, en Shell Pastaza, indica que hasta su centro llega, en promedio, un paciente por semana mordido por una serpiente.
“La mayoría es mordida por dos especies: la equis y la oro palito, que pertenecen al género Bothrops, para el cual tenemos suero antiofídico, pero no para otras como las corales o las Lacheasis”.
Patricia Galiano, funcionaria del Departamento de Biodiversidad del Ministerio del Ambiente, reconoce que a pesar de que estos reptiles son potencialmente peligrosos, se desarrolla un tráfico ilegal.
Vigilancia Verde, la entidad que monitorea la movilización de madera y vida silvestre, ha decomisado desde el 2002, 52 serpientes: 16 vivas y 36 muertas. A pesar de que está penado por la Ley, no se conocen los resultados de los procesos administrativos iniciados en el Ministerio ni las sanciones.
Galiano acota que hasta se exportan estos animales. “El comercio ilícito de animales tiene las mismas características de la droga, utiliza los mismos canales y requiere de una acción coordinada en varias instancias oficiales”.
En Estados Unidos y Europa existe un mercado para las serpientes venenosas. Por ejemplo, en la página de internet www.venomousreptiles.org se anuncian serpientes venenosas desde 50 hasta 500 dólares, incluso una coral de América del Sur.
En el Ministerio del Ambiente solo cuatro centros tienen permiso para manejar herpetofauna: el Instituto Nacional Leopoldo Izquieta Pérez y un Zoocriadero en Guayaquil; el Zoológico Amaru de Cuenca y el Vivarium de Quito. Para su funcionamiento requieren presentar un plan de manejo.
Al preguntar a Galiano sobre las condiciones de estos documentos, indica que solicitará a las oficinas regionales la documentación respectiva.
En el Vivarium de Quito se mantienen 100 ejemplares de 20 especies venenosas, en el zoológico Amaru son 40 reptiles. Gladys Álvarez, coordinadora de Producción de Biológicos de Uso Humano del Izquieta Pérez, dice que mantienen 300 ejemplares del género Bothrops para elaborar el suero. “Continuamente se reemplazan los animales con colecciones en el campo”.
En el Hospital de Tena, un funcionario asegura que hasta hace unos meses, una enfermera se encargaba de comprar a los indígenas reptiles tóxicos y mantenerlos en una oficina en la parte posterior de la casa de salud, pero que esta actividad está suspendida por inconvenientes con el Ministerio del Ambiente.
Galiano reconoce que el control a estos centros es mínimo debido a la falta de personal y recursos y que dependen de los reportes que entreguen estas instituciones al Ministerio.
Instituciones como el Izquieta Pérez, añade Galiano, deben obtener un permiso nacional, pues cuentan con laboratorios en varias ciudades del país y colectan animales en la Costa y Amazonia, pero su patente de funcionamiento se otorgó en Guayaquil.
“Los centros que manejan fauna deben reportar cada año qué hacen con la fauna que recolectan en el campo. Además, las oficinas regionales deberían proporcionar información actualizada sobre las actividades que realizan”.
En el país, únicamente el Instituto Izquieta Pérez elabora suero antiofídico, pero solo para el género Bothrops. Estos antídotos no sirven para mordeduras de corales (del género Micrurus), verrugosas (Lachesis) o las Porthidium, la cual habita en Manabí.
El médico aconseja
Primero calmarse: No todas las culebras son venenosas. Si se produce una mordedura, hay que mantener la calma. Inmovilice el miembro para evitar que el veneno se distribuya por el cuerpo.
No colocar hielo: El frío hace que los vasos sanguíneos se contraigan y el daño es mayor. El hielo favorece que el tejido se muera. No hacer cortes alrededor de la herida, eso complica el tratamiento.
No chupar el veneno: A pesar de que no representa un riesgo para la persona que lo hace, sí lo es para el paciente. La saliva humana alberga gran cantidad de bacterias que infectarán más la mordedura.
Un médico debe evaluar: Luego de inmovilizar el miembro mordido, hay que trasladar al paciente a una casa de salud. El galeno puede solicitar ayuda para el tratamiento en el Centro de Toxicología en el teléfono 2998799 en Quito.
Los antídotos, un bien escaso
En el Ecuador solo se encuentra suero antiofídico para las mordeduras de Botrhops. Quienes están en contacto con otras especies, deben proveerse por su cuenta.
Ernesto Arbeláez, director del Zoológico Amaru de Cuenca, mantiene cinco dosis de antídoto para la morderura de Lachesis muta, conocida como verrugosa. Importó el suero de Costa Rica hace 18 meses como una medida de precaución. “Hace un tiempo me mordió una en el campo y no logramos conseguir el suero en el país”.
Katty Garzón, directora del Vivarium de Quito, también señala que importan antídotos de Colombia para las especies que manejan en ese centro de herpetofauna.
Punto de vista (Iván Cabezas, Toxicólogo Clínica Pichincha)
Los pacientes con intoxicaciones de todo tipos: desde alimentos hasta mordeduras de serpientes, no tienen a quién acudir, la capacitación de los médicos es mínima. En el país no hay estadísticas sobre mordeduras, tampoco se conoce sobre la disposición y administración de antídotos (sueros), es decir, un banco de antídotos específicos para el país. Por ejemplo, los antídotos que se producen para una serpiente del género Bothrops en México no sirven para el Ecuador, hemos visto que los mejores resultados se obtienen con sueros colombianos, supongo que es por la similitud de las especies. Lo que es evidente es que la acción del Instituto Nacional Izquieta Pérez no es suficiente, trabajan con un horario de oficina y las emergencias, generalmente se reportan a cualquier hora, a pesar de que estadísticamente se ha demostrado que la mayoría de mordeduras se produce durante el día y en los miembros inferiores.
El control para el tráfico ilícito de serpientes venenosas es mínimo


